Lecciones de Nicaragua

7 Nov

Como les había prometido, estos apuntes de hoy van dedicados a contar mi experiencia en Nicaragua, cuyo pueblo ha sido el gran triunfador del proceso electoral del pasado domingo 5 de noviembre. Tres días intensos en Nicaragua me permitieron comprender lo compleja que es la política en este hermano país, que se parece a las complejidades de nuestra política dominicana. El calor del Caribe hace que la emotividad política sea mayor.

Quiero, primero, reconocer que fue muy grato compartir con tres distinguidos compañeros del partido que me acompañaron en esta jornada de observación: el Vicepresidente del partido, Domingo Batista; la Sub-Secretaria General, Maria Elena Pérez; y el Sub-Secretario de Relaciones Internacionales, Alejandro Santana. Representamos dignamente al PRD en el proceso más difícil que ha conocido la historia democrática de Nicaragua. La delegación del PRD se reunió con diversos sectores y líderes de Nicaragua, incluyendo la Misión de Observadores de la Unión Europea y la ONG Ética y Transparencia.

El triunfo de Daniel Ortega y del Frente Sandinista de la Liberación Nacional, aliado histórico del PRD es una reivindicación de la figura de Ortega, y al mismo tiempo, es un compromiso con el pueblo de Nicaragua. Confieso que me sentí muy orgulloso, cuando el sábado 4 de noviembre, en horas de la mañana, en una reunión con los observadores internacionales, el único líder extranjero que se mencionó en esa reunión fue el nombre de nuestro líder máximo, el Dr. José Francisco Peña Gómez, cuando Tomás Borge afirmó que fue Peña Gómez quien, por primera vez, reconoció que había sido el FSLN que había contribuido al afianzamiento de la democracia de Nicaragua.

Quienes subieron con el fúsil en mano en 1984, bajaron por el voto en 1990, y ahora vuelven al poder por la voluntad soberana del pueblo nicaragüense. ¡Qué lección! ¡Tremendo compromiso!

Recorriendo diversos centros de votación el pasado domingo, me encontré con una señora de avanzada edad, en uno de los sectores más populosos de Ciudad Sandino, y le pregunté ¿a qué aspiraba de estas elecciones? Su respuesta fue muy concisa pero certera: “Quiero trabajo, trabajo, trabajo… nada regalado, solo trabajar”. Esto es precisamente la aspiración del pueblo de Nicaragua, el segundo más pobre de América Latina. Estoy seguro que este proceso electoral marcará el pueblo nicaragüense hacia un mejor destino.

Como perredeísta, también observé un FSLN que se recompuso para ganar las elecciones. Con una agresiva política de alianzas, incluyendo haber atraído a sus más connotados adversarios. Aunque mantuvo sus colores tradicionales de rojo y negro, sus vallas y afiches color rosado proyectaron la convergencia de fuerzas políticas distintas unidas en torno a un proyecto de nación. ¡Otra gran lección de la tierra del “gallo pinto”!

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