‘El Cuarto Piso’
14 Jul
He terminado de leer El Cuarto Piso, libro que contiene las memorias del Earl E.T. Smith, quien fue Embajador de los Estados Unidos en Cuba durante la caída del dictador Fulgencio Batista y en la toma del poder de Fidel Castro. Smith relata, con lujo de detalles, su llegada como Embajador a Cuba, en 1957, y cómo fue testigo de la fuerza que tenía el Movimiento del 26 de julio que encabezaba Castro, y que prácticamente gobernaba algunas zonas «rebeldes» en el territorio cubano, lo cual contribuía al debilitamiento de las estructuras militares coercitivas de Batista.
Smith describe con crudeza el rol del Departamento de Estado ante lo que se evidenciaba como el advenimiento de una revolución comunista. Al decir de Smith, el «Cuarto Piso del Departamento de Estado», integrado por funcionarios de tercera categoría, era el que dirigía la política exterior de Estados Unidos hacia Cuba. En síntesis, era una política de desconocer la naturaleza comunista de Castro y de su movimiento, y al contrario, el de promover acercamiento entre el gobierno americano y el movimiento de Castro, através de la CIA, con distintos elementos de la prensa norteamericana. Smith es crítico de esta política, que, a su juicio, lo que hizo fue que Estados Unidos descontinuara su apoyo a un dictador de derecha, como Batista, para apoyar a un dictador de izquierda, como Castro, sin el conocimiento del Embajador.
El libro describe la presencia americana en Cuba en la época de Batista, especialmente el poder que tenía la Embajada americana. Smith llega al extremo de afirmar, que el Embajador de Estados Unidos en Cuba era el segundo hombre más poderoso en Cuba, después de Batista, e incluso, en ocasiones, tenía más poder que el propio Batista. Lógicamente, que ese poder de la Embajada se fue desvaneciendo en la medida en que el propio gobierno americano le fue restando su ayuda a Batista, y estableciendo un puente de comunicación con Castro, el cual fue totalmente destruido, luego de la llegada de Castro. Smith señala, como apenas a pocos días, de llegar Castro al poder, el gobierno de Estados Unidos lo reconoció oficialmente. Luego, la historia es ya conocida.
Dos aspectos a destacar del libro:
Primero, Smith relata los preparativos previos a la retirada o abandono de Batista del poder, el 31 de diciembre de 1958. Estaban todos en una fiesta de fin de año en la casa de Batista, y en las primeras horas de la madrugada del 1 de enero de 1959, viajó a República Dominicana. Según Smith, el gobierno dominicano, encabezado por el dictador Trujillo, no tenía conocimiento de la llegada de Batista. A la sazón, el embajador dominicano en Cuba era Porfirio Rubirosa.
Segundo, el libro explica con claridad cuál es el papel del Embajador de los Estados Unidos en un país. Asumo que el Manual de Funciones ha cambiado desde la década de los cincuenta, pero resulta muy interesante el capítulo titulado «Obligaciones y Facultades de un Embajador».
Smith falleció en 1991. Era ex-militar y un republicano conservador. Por lo tanto, el libro tiene esa visión, la cual respeto, aún cuando no comparta todo su contenido ideológico. Smith renunció al puesto en enero de 1959. Fue, luego sustituido por Philip Bonsal, quien apenas pudo permanecer un año en la posición hasta que se rompieron las relaciones diplómaticas entre Estados Unidos y Cuba. Desde entonces, las relaciones son a través de la Sección de Interés en Cuba.
Recomiendo la lectura de este libro, sobre todo a las nuevas generaciones para que complementen su opinión sobre una de las revoluciones más interesantes de América Latina.


Sin comentarios