El triunfo de Solís en Costa Rica: lección de oportunidad

8 Abr

 

Ayer, escribí sobre dos lecciones del tiempo en la política. Precisamente, el triunfo de Luis Guillermo Solís Rivera como presidente de Costa Rica es ejemplo de otra lección: la de saber cuándo es la oportunidad. Cuando toca, toca; pero cuando no toca, no toca:

Este historiador de 56 años que también ejerce de politólogo no debería ser presidente en la lógica tradicional de la política. Se le conoció como “el candidato del margen de error” porque solía aparecer en la parte más baja de las encuestas. No era el favorito en las primarias del PAC, al que se afilió hace ocho años. Ninguna encuesta lo ubicó antes de la primera vuelta electoral de febrero siquiera en segundo lugar y resulta que acabó con más votos que todos, convertido entonces sí en favorito contra el desgastado oficialista Johnny Araya.

Solís usó a su favor la falta de pedigrí político en un país donde el oficio de político está devaluado. Cuenta con orgullo y sorpresa el éxito que tuvo en esta campaña una foto suya lustrando los zapatos horas antes de uno de los debates presidenciales que le ayudaron a darse a conocer. Dice que uno de sus seis hijos (en un país donde el promedio es menos de dos) le tomó la foto porque sí, la subió a redes sociales porque sí y de repente esa foto se convirtió en un retrato de lo que es: “Un costarricense normal”, según este creyente de la política con símbolos.

Antes, nadie le veía futuro en este primer intento de optar por un cargo de elección popular, pero la candidatura del PAC estaba libre después de que su fundador y único candidato presidencial, Ottón Solís, prometiera en 2010 no volver a postularse. Un grupo de dirigentes de mando medio del partido se dio a la tarea de plantearle una candidatura. Entonces era director regional de la Secretaría General Iberoamericana y ni siquiera vivía en Costa Rica. En uno de los viajes desde Panamá se lo propusieron y él creyó que le estaban pidiendo apoyo para otra persona. Ni él se lo creía.

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