Creo en la libertad, la igualdad y la fraternidad como principios ordenadores de una sociedad justa. Pero de verdad, tomados en serio y adaptando su consecución a las realidades cambiantes del mundo.
Interesante comparecencia de la presidenta Dilma Rousseff ante la prensa, para hablar sobre las reformas políticas que está impulsando en Brasil, luego de las protestas sociales:
Anoche, la presidenta Dilma Rousseff volvió a dirigirse al país. En esta ocasión, fue un discurso transmitido en cadena nacional. Una extraordinaria pieza de oratoria. Un llamado a oxigenar el sistema político, a combatir la corrupción, y a un pacto político através del diálogo nacional:
«Las voces traspasan los mecanismos tradicionales de las instituciones, de los partidos políticos y de los propios medios de comunicación. Pero dejan un mensaje nítido contra la corrupción y el uso indebido de dinero público. Ese mensaje va dirigido a los gobernantes de todas las instancias y reivindica más ciudadanía, mejores escuelas, hospitales, transporte público de calidad y a un precio justo. También el derecho a influir en las decisiones de los Gobiernos. La presidenta afirmó que las manifestaciones del lunes prueban la energía de la democracia y el civismo del pueblo. Mi gobierno escucha esas voces del cambio. Está comprometido con la transformación social».
Dilma ha ratificado su talante democrático. Continuaré dando seguimiento.
He visto la película 4 días en septiembre, del director brasileño Bruno Barreto. Se trata del secuestro de Charles Burke Elbrick, Embajador de Estados Unidos en Brasil, en septiembre de 1969, a manos del movimiento revolucionario 8 de octubre. Es una película que permite comprender y entender lo que vivió Brasil bajo la dictadura militar.
Fue bajo ese mismo movimiento revolucionario, que fueron forjados quienes han sido los líderes de Brasil. Muchos de ellos estuvieron en prisión por muchos años bajo la dictadura militar. Uno de esos líderes fue José Dirceu, quien luego sería fundador del Partido de los Trabajadores, junto a Lula. Cuando el embajador Burke fue liberado en 1969, uno de los prisioneros canjeados fue Dirceu, quien fue exiliado a México, y luego a Cuba.
En Cuba, Dirceu se sometió a una cirugía plástica, que le cambió su rostro. En Cuba, cambió su identidad, y volvió a Brasil, e hizo nueva familia, obviando a su familia anterior. En 1979, cuando se otorgó la amnistía política, Dirceu le reveló a su familia su real identidad, y regresó a Cuba, en donde lograron reponerle su nariz original, regresando a Brasil, a reencontrarse con su primera familia. Desde entonces se dedicó a la política, llegando a convertise en presidente del PT, y mano derecha de Lula.
Hoy, Dirceu está en prisión por el caso de corrupción conocido como «mensalao». Dirceu demostró ser un hombre de equipo, y prefirió asumir el costo de la prisión, con tal de que no se cayera el liderazgo del PT. Quien lo diría que el hombre del movimiento 8 de octubre fue luego el artífice de la estructura de poder del PT en Brasil.
Como saben los lectores habituales de estos apuntes, São Paulo, Brasil, es mi segundo hogar. Este fin de año, he pasado diez días inolvidables.
Ayer, pude ver la película «Lula, el hijo de Brasil», en la que se relata la vida del carismático líder del Partido de los Trabajadores, desde su nacimiento hasta convertirse en el principal líder sindical de esa gran nación. Viendo la película, pude observar imágenes del São Paulo, de la década del cincuenta, sesenta y setenta. Impresionante cuánto ha cambiado la ciudad, no así su gente y sus valores:
La imagen vale más que las palabras. Las dos personas que simbolizan el progreso y el respeto de Brasil en el mundo de hoy se confundieron en un fuerte abrazo ayer en París, durante la celebración del Foro de Progreso Social. Reflejo de respeto, aprecio y también cariño. Por estas latitudes, nos queda mucho por aprender.
CommentsComentarios desactivados en La foto: Dilma y Lula, el abrazo
Ayer concluyó el mayor proceso judicial seguido contra la corrupción en Brasil, llamado mensalão (mensualidad), con 25 condenas y 12 absoluciones, más de 250 años de cárcel y 20 millones de reales de multa. Un caso que salpicó las más altas instancias del Partido de los Trabajadores, el partido de Lula y de Dilma, pues, entre los condenados, están el exministro de Lula, José Dirceu; el expresidente del partido, José Genoino, el extesorero Delubio Soares, y el expresidente del Congreso, Joao Paulo Cunha. Con excepción de Genoino, todos cumplirán sus penas en la cárcel.
El Tribunal Supremo Federal consumió 49 sesiones de trabajo, en lo que ha sido, sin dudas, el juicio del siglo. Ha sido la mayor demostración de fortaleza institucional de los poderes del Estado en Brasil. La presidenta Dilma Rousseff hizo lo que tiene que hacer todo jefe de Estado, alejarse de todo ese escándalo y apoyar las investigaciones del Poder Judicial. Igualmente, el Congreso brasileño tuvo que también abrir sus puertas, para que la investigación llegase a su propio corazón, y extirpar el cáncer de la corrupción.
No es el primer gesto de Dilma frente a la corrupción. No le ha temblado el pulso al destituir a funcionarios cercanos acusados de corrupción. Más recientemente, Dilma destituyó a su propia jefa de gabinete, acusada de un nuevo escándalo. Esa actitud es lo que le ha dado el respeto global y local a Brasil. Sin violentar el debido proceso, pero con firmeza, enfrentando y sancionando la corrupción. Sin hacer circo.
Ese es el mensaje que Dilma ha enviado al mundo, a su país y a su partido. Su camino a la reelección está abierto y ella va en el carril de adentro.
zp8497586rq
CommentsComentarios desactivados en Dilma y el juicio del siglo en Brasil
ula es el político de más reputación en América Latina. Su figura es mundial. Sin duda, que para él, ser expresidente, es una posición incómoda, aunque le da la libertad para hablar de todo. Ayer, La Nación publicó una extensa entrevista al expresidente, en la que habló de todo. Invito a leerla
CommentsComentarios desactivados en Lula, hablando de todo
Joaquim Barbosa, primer presidente de color del Tribunal Supremo de Brasil.
El color de la piel de Joaquim Barbosa es el de la noche. Recientemente, fue electo como presidente del Tribunal Supremo de Brasil, y es el primer presidente de color que ocupa tan alto puesto. Es una señal de cambio para un país que, como Brasil, fue el último de América en abolir la esclavitud, y en donde en determinadas ciudades se siente la discriminación racial. La historia de Barbosa es sumamente interesante: Hijo de albañil y de una empleada doméstica. Estudió derecho trabajando como barrendero.
Representar hoy la cara de la justicia es un hecho novedoso y sin precedentes, y lo está haciendo con rectitud. Para muestra un botón: el caso de corrupción política conocido como Mensalão en el que Barbosa, como juez de instrucción del caso, ha tenido que condenar a destacados políticos del Partido de los Trabajadores, el de Lula y Dilma.
Comentarios recientes