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Sucesión política en Cuba

19 Abr


Ha concluido la hora cero en Cuba. No hubo sobresaltos, ni renovaciones radicales. La nota más destacada del VI Congreso del Partido Comunista Cubano ha sido que, por primera vez desde 1959, alguien que no se apellida Castro, José Ramón Machado (quien combatió junto a Fidel Castro en la revolución) ocupa el puesto de Segundo Secretario, el No. 2, del partido. Como era de esperarse, el puesto No.1, el de Secretario General, lo ha sido para Raúl Castro, quien por demás es presidente de Cuba, «por sus méritos, trayectoria, fidelidad al pueblo, al partido y a Fidel», y porque «garantiza la continuidad de la revolución», así lo ha expresado quien ha anunciado ambas designaciones.

Que nadie tenga dudas: «Asumo el puesto para defender, preservar y continuar perfeccionando el socialismo, y nunca permitir el retorno del capitalismo», ha dicho Raúl Castro. A pesar de la retórica, el Congreso ha aprobado más de 300 modificaciones, que deberán ser convertidas en ley por la Asamblea Nacional, y que revelan una profunda reforma al régimen:

Descentralización; autogestión empresarial; estímulo a la iniciativa privada y al trabajo por cuenta propia, aunque con límites; reducción de los gastos sociales – la libreta de racionamiento desaparecerá paulatinamente – y drástico ajuste del empleo estatal, aunque con plazos flexibles.

Cuba inicia a partir de hoy una larga y compleja sucesión política. Un tanto diferente a lo que sucede en otras naciones, como España, en donde matar al padre es la tradición. Fidel Castro es ahora el símbolo de la revolución. Su poder es obvio, aunque no es formal. El Jefe de Estado y de Gobierno, y del partido, es Raúl Castro. José Ramón Machado es el segundo secretario del partido. Hace menos de diez años era impensable ver esto. Al Comité Central y al Politburó se han incorporado jóvenes, aunque no con la presencia que originalmente se pensaba. Todavía la vieja guardia no está dispuesta a ceder posiciones, ni que se produzca la glásnost. Pero, la realidad, poco a poco, se va imponiendo, con la paciencia y la resistencia del hermano pueblo cubano.

Picasso, comunista atípico

20 May


Picasso, el afamado pintor y escultor del movimiento cubista, era comunista, pero era un comunista atípico, o dicho en otras palabras, un mal comunista. Es lo que se desprende de la exhibición de la Galería Tate en Liverpool, dedicada a Picasso: Paz y Libertad. La muestra examina el perfil más político del pintor y sus conexiones con la República española, la Resistencia francesa, el movimiento pacifista durante la Guerra Fría y el comunismo internacional.

Su comunismo atípico se remonta a cómo se inicio en el mismo, y cómo era su estilo de vida, todo lo cual está siendo exhibido en Liverpool:

«En realidad, Picasso nunca estuvo del todo fascinado por Stalin. Terminó en el comunismo por la influencia de amigos como Aragon, que lo reclutaron para la causa como un caro trofeo. Comunista pero millonario y mujeriego a más no poder. Y más fascinado por las modelos de la Costa Azul que por la momia de Lenin.»

«La exhibición profundiza en la extraña relación entre Picasso y los popes del partido, que lo acusaban en voz baja de ser un artista burgués. Lo era, pero donó cientos de obras a la causa comunista y desarrolló algunos de los emblemas del pacifismo de posguerra».

Picasso fue donante del Partido Comunista Francés, y lo hacía con mucha frecuencia. Fue también víctima de la mano dura comunista acostumbrada a que solo los artistas pintaran la hoz y el martillo, o las caras de Marx y Stalin, a lo cual siempre se resistió el artista español. En su momento, Picasso, por sus concepciones fue declarado persona non grata en algunos países democráticos, como Inglaterra, que ahora lo recibe con esta exhibición. Más aquí.

Resulta interesante cómo las concepciones ideológicas de los grandes artistas llama poderosamente la atención. Que Picasso fuese un comunista atípico no debería ser nada extraño. Fue su derecho, asumir una postura ideológica, probablemente no movido por las luchas que se vivían en Francia o en toda Europa, sino más bien por la revolución cubana. Lo cual hay que respetar, y de ninguna manera, ensombrecer su gran legado artístico.