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Macondo está de luto

18 Abr

Ha fallecido Gabriel García Márquez, uno de los grandes maestros del Siglo 20 y Premio Nobel de Literatura en 1982, por su obra «Cien años de soledad». Una buena forma de recordarlo es leer, escuchar y ver su magistral y genial discurso de aceptación del Nobel:

 

Descanse en paz, «Gabo». Tu obra y legado es permanente.

La foto: Bill Clinton y Gabriel García Márquez

18 May

Bill Clinton y Gabriel García Márquez, en Cartagena, Colombia.

 

De todos los presidentes vivos de Estados Unidos, probablemente Bill Clinton es el que más relaciones tiene con América Latina. Antes lo era Jimmy Carter, pero sin dudas, que el peso político de Clinton es considerable. Y es impresionante, como siendo Carter también del Partido Demócrata, sus relaciones con el presidente Obama son distantes. Todo lo contrario de Clinton, quien es visto como una persona que tiene puertas abiertas en la Casa Blanca de Obama.  No es de extrañar, por tanto, que, en su reciente visita a Colombia, Clinton visitó a Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura.  Ambos son amigos y, según relata el propio Clinton, la relación inició hace veinte años atrás, cuando Clinton le presentó a su hija Chelsea, y el Gabo quedó encantado, debido a que Chelsea conocía sus principales obras. La crónica del encuentro, aquí.

La foto, desintoxicarse del dictador

15 Feb


Ha muerto el rey, viva el rey, dicen en las monarquías. Una frase difícil de aplicar en las democracias, porque el soberano es el pueblo. El que vota, el que ejerce sus derechos, y el que, cuando las cosas van mal, decide cambiar de rumbo. Las dictaduras, aunque estén revestidas de las formalidades de la democracia, son eso, pura simulación. Son reyes, sin la corona monárquica. Solo pensar que Egipto desde 1971 ha tenido dos presidentes. Uno asesinado que fue Sadat que duró diez años hasta 1981, y luego Mubarak que permaneció treinta años desde 1981 hasta el pasado 12 de febrero, cuando, por la fuerza del pueblo fue obligado a renunciar.

Mubarak fue un dictador, al estilo tradicional. Desde 1981, implantó el Estado de Emergencia. Todos los poderes estaban en sus manos. Los derechos de los egipcios limitados y reducidos. Su nombre y su foto debían estar en todos los lugares públicos, en las instituciones gubernamentales. Debía ser visto con veneración y hasta con admiración. Por un lado, torturando. Y por otro lado, acumulando riquezas. Se ha convertido en el único ex-presidente vivo de Egipto, lo cual, para su estilo, no significa absolutamente nada. Estoy seguro que nunca se habrá leído a Luis Spota, ni a Gabriel García Márquez, por lo que debe estar lleno de incertidumbres sobre su futuro, si es que esa palabra pudiera existir para él.

Con la Constitución de Mubarak, anulada, con el parlamento y el gobierno, inexistentes, solo el Ejército, lo más respetado en Egipto, gobierna en una transición que apenas inicia. Ha comenzado la desintoxicación del dictador. Han comenzado a quitar fotos, retratos y pinturas del dictador. Quisiera ver el lugar dónde las guarden antes de quemarlas. El mal pasado solo tiene esa solución, eliminarlo fulminantemente para que nazca la semilla de las nuevas oportunidades. A seguir, atentos sobre lo que pase en Egipto. Al menos, ya habrá una nueva generación que dirá que no nació bajo el régimen de un dictador, y que respira aire puro de la democracia.

(Foto de funcionarios descolgando un retrato de Mubarak de las paredes de un edificio gubernamental, vista aquí)

Mubarak, le llegó su otoño al patriarca

11 Feb

«Experiencias tan duras como ésa confirmaban su muy antigua certifidumbre de que el enemigo más temible estaba dentro de uno mismo en la confianza del corazón, que los propios hombres que él armaba y engrandecía para que sustentaran su régimen acaban tarde o temprano por escupir la mano que les dedaba de comer, él los aniquilaba de un zarpazo, sacaba a otros de la nada, los ascendía a los grados más altos señalándolos con el dedo según los impulsos de su inspiración, tú a capitan, tú a coronel, tú a general, y a todos los demás a tenientes, qué carajo, los veía crecer dentro del uniforme hasta reventar las costuras, los perdía de vista, y una casualidad como el descubrimiento de dos mil niños secuestrados le permitía descubir que no era sólo un hombre el que le había fallado sino todo el mando supremo de unas fuerzas armadas…»

Gabriel García Márquez en el otoño del patriarca, páginas 171 y 172.