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Así habla un presidente

27 Mar

En noviembre del año pasado, escribí sobre el asesinato de Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de El Salvador, perpetrado hace treinta años por fuerzas oscuras del oficialismo en ese hermano país. Hace dos días, el presidente Mauricio Funes pidió perdón públicamente por este crimen, expresando lo siguiente:

«En nombre del Estado salvadoreño, como presidente de la República, reconozco que el entonces arzobispo de El Salvador, Oscar Arnulfo Romero Galdámez, el 24 de marzo de 1980 fue víctima de la violencia ilegal que perpetró un escuadrón de la muerte… Dichos escuadrones, lamentablemente, actuaron bajo la cobertura, colaboración, aquiescencia o participación de agentes estatales».

Así habla un presidente. Un Jefe de Estado. Un Jefe de Gobierno. Con responsabilidad. Dando la cara. Tras 30 años, la verdad ha resplandecido y se ha hecho justicia.

P.D. A propósito del «Perdón», recomiendo este artículo escrito por Mons. Ramón de la Rosa y Carpio, Arzobispo de Santiago.

El crimen de Monseñor Oscar Romero: cero impunidad

7 Nov

El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, acaba de dar la señal más contundente de respeto al Estado de Derecho, a la seguridad jurídica y a la lucha contra la impunidad: Ha reconocido la responsabilidad del gobierno de El Salvador en el horrendo crimen perpetrado hace 29 años en contra del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero el 24 de marzo de 1980. Y lo ha hecho de la forma más responsable: Ha aceptado la jurisdicción de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que El Salvador, mientras estuvo gobernado por la derecha, se negó siempre a reconocer.

Con este paso, el gobierno salvadoreño cumplirá las recomendaciones que emitió la CIDH en el 2000, y abrirá una investigación imparcial y sancionará a los culpables de este asesinato que se constituyó en el símbolo de la lucha contra la violencia armada y la intolerancia que gobernó El Salvador en la década de los ochenta. Los responsables de este crimen se escudaron en una Ley de Amnistía que ahora tendrá que pasar por el tamíz de esta investigación.

Monseñor Romero fue vilmente asesinado en el mismo momento en que ofrecía la eucaristía en una misa, teniendo de testigos a todos los feligreses presentes. Si alguien nunca ha tenido la oportunidad de conocer a un mártir, pues Monseñor Romero es un mártir. Murió asesinado luchando por la paz de su pueblo, en defensa de los campesinos, quienes se refugiaban en su Iglesia cuando era perseguidos.

Comparto con ustedes, este video que recoge sus últimas declaraciones antes de su muerte:

Veintiocho años después, El Salvador se apresta a conocer la verdad de uno de los crímenes que nunca permanecerán bajo el manto de la impunidad. Llegó la hora cero, y al igual que muchos salvadoreños, estaré pendiente de sus resultados.