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Warren Buffett y su arte de hacer negocios

5 May


Hace un par de meses, un abogado amigo de Guatemala pidió mi opinión legal sobre una transacción global que se haría en Inglaterra y Alemania, que involucraba una mínima inversión en una compañía multinacional autorizada a operar en el mundo de los seguros en la República Dominicana. Una de las partes involucradas en esa transacción era la empresa Berkshire Hathaway, cuyo presidente es Warren Buffett y su Vicepresidente es Charles T. Munger. Cumplí con la misión encomendada, y todo concluyó felízmente.

Siempre había escuchado y leído sobre Warren Buffett, pero no fue hasta este fin de semana, que vine a profundizar sobre su visión, y yo agregaría, su arte, de hacer negocios, cuando leí su reporte anual del 2008. Pero, lo que más me llamó la atención, a parte de lo excelentemente escrito que está, y la cantidad de informaciones financieras que ofrece, es la explicación que ofrece el propio Buffett sobre lo que ocurriría en la Asamblea Anual de Accionistas que se celebró durante el fin de semana recién pasado, es decir, del 1 al 3 de mayo, en la sede central de Berkshire Hathaway, en Omaha. Los interesados pueden leer a partir de la página 21. De aquí destaco lo siguiente:

1.- Estamos hablando de una Asamblea de más de doce mil (12,000) accionistas, entre los cuales hay más de setecientos (700) que son extranjeros. Por lo tanto, hay que imaginarse la preparación logística para albergar a doce mil personas durante tres o cuatro días (hoteles, restaurantes, fiestas, cócteles, etc). Buffett lo explica todo genialmente.

2.- La parte más atractiva (y es la que más noticia genera) es la sesión de preguntas y respuestas tanto a Buffett como a Munger. Dice Buffett que, hasta el año pasado, ellos ponían a disposición doce micrófonos, y que era tanta la cantidad de personas que querían hacer preguntas, que la empresa decidió cambiar las reglas, y para este año, por vez primera, decidieron invitar a tres periodistas (Carol Loomis, de Fortune; Becky Quick, de CNBC; y Andrew Ross Sorkin, del New York Times). Con tiempo de antelación se divulgaron entre los accionistas los correos electrónicos de estos tres periodistas para que les remitieran a ellos las preguntas. Buffett afirma que no tenía ni idea de lo que le iban a preguntar. Les recomiendo leer la experiencia de Ross Sorkin, en su cuenta de Twitter, cubriendo esta Asamblea Anual y estando en el escenario junto a Buffett. Dice Ross Sorkin, que incluso, estando ahí mismo en el escenario, recibía cantidad de tweets y correos electrónicos, de accionistas que estaban en el mismo lugar, con preguntas para Buffett y Munger.

3.- Leyendo el reporte, se extraen algunas notas que revelan la características y el estilo de Buffett al momento de hacer inversiones. Aquí pueden leer este resumen preparado por Ross Sorkin. No dejen de leerlo. Es una lección de finanzas y de inversiones.

4.- Durante toda la celebración de la Asamblea y hasta una semana después, todas las empresas de Berkshire Hathaway (las americanas y las extranjeras) exhiben sus productos para la venta a precios especiales para los accionistas. Desde cuchillos de cocina y productos comestibles hasta carros y aviones, todo a precio de descuento para los accionistas. Y lo interesante, al decir de Buffett, es que el producto de las ventas en la Asamblea Anual es impresionante. Casi todo se vende.

Por último, lo más admirable de Buffett, es que, a pesar de su inmensa fortuna, tiene una extraordinaria filosofía de austeridad personal. Definitivamente, que su filosofía y su visión le han dado resultados.

En Palm Beach: vidas paralelas

11 Abr







Desde el martes 7 al jueves 9 de abril, estuve, por motivos de trabajo, en Palm Beach, Florida, Estados Unidos de América. En las casi 48 horas que estuve en la ciudad, pude palpar la compleja vida social que tiene esta isla, que esta entre el Oceáno Atlántico y el Lake Worth, y que pertenece a West Palm Beach.

Como se puede imaginar, Palm Beach es un lugar exclusivo en el que viven personas mayores de sesenta años, normalmente retiradas, o que, en distintas épocas del año, sobre todo en invierno, vienen a sus residencias que, de vez en cuando, aparecen en portadas de prestigiosas revistas norteamericanas. Su población es de unos 10,000 habitantes. Aquí el índice de pobreza es menos del 2%.

Lo novedoso, al menos para mí, fue saber que Palm Beach ha sido una de las ciudades de Estados Unidos más afectadas por las maniobras financieras de Bernard Madoff, quien tiene una lujosa residencia en esta ciudad. Recomiendo leer este interesante artículo titulado Madoff’s world, publicado en la revista Vanity Fair.

Y aquí viene lo curioso. Resulta que Palm Beach fue fundada en 1911 por familias propietarias de las grandes corporaciones norteamericanas, como un lugar para descansar y vacacionar. Estas familias provenían de la extrema derecha, y como es natural, trajeron sus costumbres y códigos de conducta, que, felizmente hoy son rechazados por la mayoría de los habitantes en el mundo, excepto todavía en Palm Beach. Así, entonces, fundaron uno de los cuatro clubes que actualmente existen para sus reuniones sociales, con rigurosas reglas de admisión, que muy bien pudieran calificarse, algunas de ellas, discriminatorias. El club comenzó a rechazar solicitudes de admisión hechas por judíos (y tengo entendido, que todavía al día de hoy, no se aceptan). En la medida en que los judíos fueron llegando a Palm Beach, y al no lograr entrar al club, formaron su propio club, con las mismas comodidades que el resto de los clubes.

Madoff es admitido al club de los judíos. Para que se tenga una idea, a pesar de que el costo de admisión es de U$350,000 dólares, lo importante es lo que el socio pueda donar a distintas causas sociales. De su más de trescientos miembros, más de cien, fueron afectados por Madoff. Hoy, muchas fundaciones judías, que daban cuantiosas donaciones a distintas causas, han tenido que cerrar sus puertas, sin contar a quienes su patrimonio se le ha reducido a nivel cero. Según Vanity Fair, y yo también lo pude percibir, en una sociedad tan pequeña y llena de estas complejidades, hay quienes maliciosamente se alegran de la desgracia ajena.

Al finalizar mi recorrido por la ciudad, volví rápidamente a mi realidad. Mi taxista, un haitiano, muy amable y gentil, me contó que tenía 24 años viviendo en West Palm Beach, sudando la gota gorda, trabajando para mantener a su esposa e hijos, y que estaba decidido a no regresar a Haití. De los cinco millones de habitantes de West Palm Beach, viven unos setenta mil haitianos. Al igual que mi taxista, viven y trabajan en la búsqueda del «american dream». Y yo, feliz de estar de vuelta, en mi querido país.

Nota sobre las fotos: Comparto con ustedes algunas fotos de Palm Beach. En vez de publicar las fotos habituales de los sitios característicos de la zona, decidí mejor publicar las fotos que reflejan las vidas paralelas en esta ciudad.