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Affectio tecnologicus

13 Ago

Reconozco que mi encuentro con la tecnología se debió a dos razones básicas: Mi madre siempre se esmeró y lo logró a fin de que yo tuviera, en el 1985, mi primer computador Apple, de este modelo. Desde entonces, siempre me han inquietado los temas tecnológicos. Y luego, en el año 2000, por decisión del presidente Hipólito Mejía, fui designado como presidente del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (Indotel), posición que ocupé durante cuatro años. Fue un curso intensivo de conocimiento académico y práctico de lo que efectivamente son las tecnologías de la información y la comunicación. Radio, telefonía, televisión e Internet, y su transición del mundo análogo al mundo digital, con la llamada convergencia. Claro, como todo en la vida, ese capítulo fue cerrado, y lo quedan son las memorias del deber cumplido. Ayer, visité al Indotel, por primera vez, desde el 2004, y fue para un acto emotivo e histórico, pues fue inaugurada la galería de expresidentes. Hasta el día de hoy, solo cuatro dominicanos han ocupado esa delicada posición. Personalmente, no me gustan los homenajes de esa naturaleza, pero la cortesía obliga. A pesar de las diferencias de visiones en políticas de telecomunicaciones, el acto de ayer robustece el espíritu de cuerpo de una institución que tiene toda una historia formidable que contar, y haberme encontrado con quienes me antecedieron y sustituyeron fue una grata ocasión. Ahí concluyó este episodio, y como es natural, debo señalar que haber entrado en el 2006, a la blogósfera y a las redes sociales, ha sido y es una de las mejores experiencias, por lo que yo sigo con mi affectio tecnologicus.

La radiación en los móviles y la salud

17 Dic

Desde que estoy involucrado en los temas de tecnología y comunicaciones, hace un poco más de diez años, he estado escuchando sobre si los teléfonos celulares o móviles causan problemas a la salud al expedir radiaciones eléctricas. Incluso, cuando desempeñé funciones públicas al frente del Instituto Dominicano de Telecomunicaciones (Indotel), tenía que referirme al tema ocasionalmente. Por eso, al leer esta noticia de que la ciudad de San Francisco, California, sería la primera ciudad en exigir que los teléfonos celulares o móviles tengan que mostrar etiquetas de alertas sobre el grado de radiación, en caso de que se apruebe una propuesta legislativa, llamó mi atención. De lo que se trataría es de que, al momento de vender cada equipo móvil, se coloque, al lado del precio, un color que refleje el grado de intensidad de la radiación eléctrica que expida el celular.

Pensé que algún nuevo elemento había surgido en el debate. Siempre recuerdo que los técnicos me explicaban que un teléfono celular o móvil es como una pequeña estación de radio, que tiene su propio transmisor, y por lo tanto, ciertamente, expide ondas radioeléctricas, pero mínimas. Hace diez años, y lo mismo permanece aún, ya con más informes disponibles, no existen evidencias suficientes que puedan demostrar que el uso del teléfono celular, por el hecho de expedir radiaciones eléctricas, cause problemas a la salud.

Para los interesados en el tema, les recomiendo visitar este interesante trabajo sobre los niveles de radiación en los teléfonos móviles, que incluye los celulares con menos y con más alto nivel de radiación. Es un debate interesante, apasionante, pero que, en conclusión, hay que confiar en los estudios científicos. En este campo, no ha habido ninguna novedad. Sigamos, por lo tanto, disfrutando sanamente de los avances tecnológicos que hoy día nos trae la telefonía celular o móvil.

Hacia la interconexión 2.0, más competencia.

14 Feb


Esta noticia que publica el diario El País es una muy buena noticia que debería ser imitada por otros reguladores de telecomunicaciones. La Comisión de Mercado de Telecomunicaciones ha decidido que la primera empresa de telecomunicaciones que instale fibra óptica en los edificios está obligada a alquilar a otros proveedores para asegurar mayor competencia.

Recuerdo que, en Santo Domingo, en el 2002 y en el 2003, se produjeron algunos avances en ese sentido, cuando mediante resolución del órgano regulador de telecomunicaciones se obligó a la empresa que había suscrito un «contrato de exclusividad» con la empresa administradora del Centro Comercial Acropólis, uno de los principales centros comerciales de la ciudad, a que compartiera sus facilidades con los otros proveedores de servicios para que los inquilinos o propietarios del Centro, tuvieran la opción de elegir el mejor servicio. Igualmente sucedió con uno de los Parques Industriales de Zonas Francas de Santiago.

Posteriormente, ese concepto de «exclusividad» que no está contemplado en ninguna ley, y que solo era el resultado de la práctica monopólica de muchos años de posiciones dominantes, fue desapareciendo de los contratos de los centros comerciales y parques industriales. Incluso, recuerdo en una ocasión, hace un año y medio, que como consultor recibí a un importante hombre de la construcción del país que me pidió mi opinión jurídica sobre si él podía establecer la exclusividad con una empresa de telecomunicaciones para todos los servicios de telecomunicaciones que se establecieran en una urbanización que estaba construyendo. Mi respuesta fue negativa, es decir, esto no está permitido en nuestro país.

¿Cuál es la situación actual? Que si bien hemos progresado en el desarrollo de la infraestructura de las telecomunicaciones, este desarrollo debe pasar ahora a la etapa siguiente. Tenemos la interconexión tradicional de redes, la cual es muy buena y positiva. Através de ella, los móviles y los teléfonos están interconectados entre las diferentes compañías que operan en el país. De la interconexión 1.0 debemos pasar a la interconexión 2.0, que es la interconexión en el Internet.

Nada más tenemos que ver el entorno que nos rodea. La cantidad de cable de fibra óptica que constamentente se instala, casi a diario, en casas, edificios, calles, oficinas. Ver los postes de luz es como si fuera ver una telaraña gigante. A veces, vemos una zanja en la calle, y creemos que es de la agencia o del servicio de agua potable, pero es de una empresa telefónica. En otras palabras, cada empresa de servicios de telecomunicaciones ha instalado su propia red de fibra óptica. Y el primero que llega, no quiere que su red sea compartida por otros proveedores, lo cual es ilegal. Todo esto influye en el precio del servicio de internet en nuestro país.

Con una reglamentación que ordene el uso común de infraestructura de comunicaciones, habrá mas competencia. Las empresas se concentrarán en lo que tienen que hacer, ofrecer mejor servicio a mejor precio. Además, de que se limpiará nuestro entorno. Un solo cable de fibra óptica para uso común de las empresas telefónicas, de telecable y de internet, sin exclusividad, pagando cada una un peaje por su uso, tal como sucede en otros países.

La República Dominicana tiene un excelente marco de regulación. Es momento para dar el salto a la interconexión 2.0. El consumidor, el usuario final, estará eternamente agradecido.