Creo en la libertad, la igualdad y la fraternidad como principios ordenadores de una sociedad justa. Pero de verdad, tomados en serio y adaptando su consecución a las realidades cambiantes del mundo.
El pasado 17 de junio se conmemoraron 40 años del escándalo de Watergate, que motivó la única renuncia, hasta ahora, de un presidente de Estados Unidos, Richard Nixon. Lo que, al comienzo, fue la noticia de un ‘robo’ en la sede del Partido Demócrata en Washington, se convirtió en el descubrimiento de una de las conspiraciones que involucró a las entrañas mismas del poder, en la Casa Blanca. Todo fue orquestado y maniobrado desde el propio despacho del presidente Nixon. Dos años después, en 1974, Nixon renunciaba de la presidencia y abandonaba la Casa Blanca, por la puerta trasera.
Impresionante ver y leer cómo el Estado se convirtió en un sistema corrupto y criminal, promovido desde el mismo centro del poder. El legado de Watergate radica en que, en Estados Unidos, las instituciones funcionaron y funcionan. Que se puso el ejemplo para que jamás se repita un hecho como éste.
La mayoría de los historiadores señalan que el discurso de toma de posesión del presidente John F. Kennedy ha sido su mejor pieza de oratoria. Sin dudas, ha sido el que más se conoce. Pero, hay un discurso de Kennedy, antes de ser electo presidente, que tuvo un impacto directo en las elecciones presidenciales de 1960, y que desde mi punto de vista, ha sido su mejor discurso, porque marcó la línea divisoria entre el Estado y los derechos individuales en uno de los temas más complejos de la humanidad. Me refiero a la separación entre Estado y religión:
Este discurso fue pronunciado el 12 de septiembre de 1960. Fue un discurso muy fino en términos políticos, en el que Kennedy reafirmó que, a pesar de ser católico, lo importante no es en qué tipo de Iglesia él cree, sino qué tipo de país, él quiere y cree. Transcribo estos párrafos claves:
Debido a que soy católico, y no católico ha sido elegido Presidente, los problemas reales de esta campaña se han oscurecido – tal vez deliberadamente, en algunos sectores menos responsables de esto. Por lo tanto, es al parecer necesario para mí expresar una vez más – no qué tipo de iglesia que creo, por eso sólo debe ser importante para mí – pero ¿qué clase de América creo?
Creo en una América donde la separación entre Iglesia y Estado es absoluta – en donde ningún prelado católico le diga al Presidente (en caso de que ser católico) la forma de actuar, y ningún ministro protestante les diga a sus feligreses por quién votar – en donde no hay iglesia o la escuela de la iglesia reciba fondos públicos o preferencia política – y donde ningún hombre se le niega los cargos públicos simplemente porque su religión se diferencia del Presidente, que podría nombrarlo el pueblo, que le eligen.
Creo en una América que no es oficialmente católica, protestante ni judía – que ningún funcionario público pida o acepte instrucciones sobre la política pública del Papa, el Consejo Nacional de Iglesias o cualquier otra fuente eclesiástica – que ningún organismo religioso pretenda imponer su voluntad directa o indirectamente a la población en general o de los actos públicos de sus funcionarios – y donde la libertad religiosa sea tan indivisible que un acto contra una iglesia es tratado como un acto contra todos.
Dos meses después de este discurso, Kennedy derrotó a Richard Nixon en las elecciones de noviembre, y se convirtió en el primer presidente católico de Estados Unidos de América. El texto íntegro del discurso, aquí.
——————————
– Mitt Romney ganó ayer las primarias de Michigan y Arizona. En el caso de Michigan, su contendor Rick Santorum había estado en primer lugar hasta la semana pasada. Sin embargo, Santorum, quien es católico, afirmó que al leer el discurso de Kennedy de 1960, le dieron ganas de vomitar. Resultado: los católicos de Michigan decidieron apoyar a Romney, quién es mormón, y ahí estuvo garantizada la victoria de éste último.
Nixon: Cuando el presidente dice que vota a mi favor, vota por lo menos malo.
Mao: Me gustan los derechistas. Se dice que ustedes son derechistas, que el Partido Republicano está a la derecha, que el primer ministro Heath también es de derechas.
Nixon:Y el general De Gaulle.
Mao: De Gaulle es una cuestión distinta. Dicen también que el Partido Democratacristiano de Alemania occidental es asimismo de derechas. En cierto modo, me complace que la derecha llegue al poder.
«La historia de los fracasos en la guerra puede resumirse en dos palabras: demasiado tarde. Demasiado tarde en la comprensión del letal propósito del enemigo; demasiado tarde en tener conciencia del mortal peligro; demasiado tarde en lo tocante a la preparación; demasiado tarde en la unión de todas las fuerzas posibles para resistir; demasiado tarde en ponernos al lado de nuestros amigos.»
Hay figuras políticas que son odiadas y amadas. Richard Nixon es una de ellas. Es lo que refleja su relación con su alma mater, Duke University. Nixon se graduó en leyes en 1937 de esa alta casa de estudios. En 1954, siendo Vicepresidente de los Estados Unidos, fue invitado a pronunciar el discurso central de graduación, pero, en contra de la tradición universitaria, no le fue otorgado el doctorado honoris causa. En 1981, Duke decidió no ser la sede de la biblioteca presidencial de Nixon. Es más, el único retrato de Nixon, en poder de Duke, fue retirado de su exhibición por temor a que fuera vandalizado. Por eso, es noticia que la Escuela de Leyes de Duke haya presentado por segundo año a Tricky Dick, el musical sobre los años universitarios de Nixon. De haber sido una figura prohibida en Duke, ha pasado a ser un motivo de celebración desde el punto de vista del humor, y con ello, se ha roto tantos años de este mito universitario. Claro, el musical trata sobre la etapa en la que Nixon aspiró a ser el presidente de la asociación de estudiantes de derecho de Duke, por lo que lógicamente está salpicada de los hechos y frases que caracterizaron la vida del expresidente. La historia, aquí, aquí, y aquí.
Para el récord, Nixon también ha sido motivo de ésto. Con mucho éxito.
Si hay un político que conoce lo que es el poder es Henry Kissinger. Haber sido Secretario de Estado de Estados Unidos entre el 1973 y 1977 y servido a dos presidentes, Richard Nixon y Gerald Ford, le confiere una experiencia poco usual cuando se trata de analizar la esencia del poder. Aclaro que su experiencia en conocer las relaciones de poder son al margen de su involucramiento en hechos que históricamente han opacado su conducta histórica, particularmente sus acciones durante el golpe de Estado en Chile en 1973 y en algunos episodios en las dictaduras chilena y argentina.
«El poder es el componente más difícil de analizar al momento de adoptar una política», ha dicho Kissinger. Lo dice quien inició la distensión entre Estados Unidos y Unión Soviética durante la guerra fría, quien fue uno de los firmantes de la paz entre Estados Unidos y Vietnam, y quien organizó la primera visita de un presidente norteamericano a China. Un protagonista de primer orden de haber tratado y conocido a aquellos símbolos de la geopolítica. Y lo dice quien fuera asesor por más de quince años de Nelson Rockefeller, adversario político de Richard Nixon, con quien finalmente Kissinger teminó siendo su eficiente colaborador. Así es el poder.
Quienes siguen estos apuntes, saben que he dedicado muchos otros al presidente Richard Nixon. Sin duda, no está entre los presidentes mejor valorados de Estados Unidos de América, pero las experiencias que vivió, luego de haber renunciado a la presidencia en 1974, constituyen lecciones para aquellos que ejercen la política. He leído en The New Yorker que se está produciendo la película Our Nixon, elaborada con material fílmico grabado por sus antiguos colaboradores HR Halderman, John Ehrlichman, Dwight Chapin y Larry Higby. Con excepción de Higby, todos fueron condenados por el caso Watergate. Aquí va el trailer:
La visita oficial de Richard Nixon a China en 1972 fue la primera visita de un presidente norteamericano a la potencia oriental, en un momento de tensión durante la guerra fría. La visita fue recreada en una ópera producida en 1987 por John Adams, que ha sido nuevamente puesta en escena en New York. Comparto con ustedes la primera escena del primer acto:
Para quienes gustan la gastronomía, el menú que le ofreció el primer ministro Zhou Enlai al presidente Nixon, aquí.
«Yo no tengo paciencia con aquellos que están en contra de la República Dominicana. Esa es la actitud del Departamento de Estado, pero no es la mía. Ellos están en contra porque la consideran una dictadura. A mí no me importa un carajo lo que sea. Estoy a favor de ella. ¿Está claro? Además, no tengo paciencia para la actitud que favorece que se le debe dar un mejor tratamiento a Perú, Bolivia o Chile”… “En cuanto a esos pequeños países africanos, es algo tonto… El Departamento de Estado está en contra de Brasil (cuyo presidente lo era el general Figuereido) y la República Dominicana por las razones equivocadas. Están en contra de ellos porque piensan que ambos son dictaduras. A mí me gustan porque lo son. No porque son dictaduras, sino porque son amigos de Estados Unidos. Los amigos de Estados Unidos serán remunerados, los enemigos de Estados Unidos serán castigados».
Richard Nixon, en la grabación de la reunión que sostuvo con el empresario norteamericano Charles Bluhdorn, citado en el artículo titulado Nixon, Balaguer y Bluhdorn, escrito por Bernardo Vega. Para buen entendedor, pocas palabras.
El New York Times es una de mis fuentes diarias, por la calidad de sus reportajes. Hace unos días, Bill Keller, el director del periódico, participó en el evento titulado Desde Watergate hasta Wikileaks: Secreto y Periodismo en la nueva era mediática, en el que tuvo la oportunidad para emitir su opinión sobre Wikileaks. Particularmente, llamó mi atención al proceso interno que sigue el periódico antes de publicar los cables cuya fuente es Wikileaks:
Primero, el periódico consulta con sus abogados para asegurarse que no vulneren la ley, y en todo caso, tener la protección legal.
Segundo, el periódico comparte esa información con reporteros que estén familiarizados con la divulgación de noticias secretas.
Tercero, el periódico le solicita a su departamento de informática que conviertan todo esa información en formato amigable para que pueda ser puesta en conocimiento del público.
Cuarto, el periódico le pasa la información a los reporteros que la trabajarán a profundidad, tanto en el país a que se refiera la noticia como en la propia sede central.
Quinto, el periódico redacta la noticia con «sentido común» para que pueda ser comprendida por los lectores.
Y sexto, la información que será publicada es remitida al Departamento de Estado o al que corresponda, solo para su conocimiento previo. Posteriormente, el periódico calendariza las noticias, e igualmente comparte esa información con Wikileaks. Keller aclara que Wikileaks es la fuente, no el socio del periódico.
Definitivamente, la experiencia no se improvisa. Después de todo, Keller dirige el periódico que provocó el principio del fin de la presidencia de Richard Nixon. La participación completa de Keller, aquí.
Comentarios recientes