Lunes amarillo

6 Dic


Me sumo y apoyo totalmente al lunes amarillo por el 4% para la educación, excelente iniciativa de la Coalición Educación Digna. Lo hago como padre de familia, profesor y estudiante, político y sobre todo, como dominicano, preocupado por el presente y el porvenir de nuestra querida República Dominicana.

1976, el político

5 Dic


En mi casa siempre se respiraba la política (y todavía, aún). Mi padre siempre tuvo y ha tenido inquietudes políticas. Luego de la caída de la dictadura de Trujillo, en esos años de turbulencia e inestabilidad entre 1961 y 1965, mi padre hizo sus primeras incursiones políticas en el partido Unión Cívica Nacional. Y la razón es muy simple. Toda una clase profesional pujante de Santiago vió la necesidad de abrir un espacio político que no estuviese vinculado con la dictadura trujillista, y ese espacio lo significaba ser «cívico». Mi padre nunca lo negó, y al contrario, consechó muy buenas amistades con otros destacados miembros de ese partido. Obviamente, mi padre nunca ocupó posiciones dirigenciales en ese partido.

Luego del triunfo electoral de Juan Bosch, y con la revolución de abril de 1965, mi padre asume un rol importante en la defensa de la constitucionalidad. Terminado ese proceso, y luego de conocer personalmente a Juan Bosch y a José Francisco Peña Gómez, mi padre se inscribe en el Partido Revolucionario Dominicano. Recuerdo perfectamente, a principios de los setenta, haber visto muchas veces a Juan Bosch en mi casa en Santiago. Incluso, para el nacimiento de Dilia, mis padres conservan una nota personal de Bosch con motivo de ese acontecimiento.

Cuando Bosch renuncia del PRD, y funda el Partido de la Liberación Dominicana, mi padre se queda en el Partido Revolucionario Dominicano, al lado de José Francisco Peña Gómez. Desde el año 1973, mi padre inicia una extraordinaria carrera política, que la fue llevando junto a un exitoso ejercicio profesional, destacándose por su defensa a quienes eran objeto de persecuciones en esos difíciles doce años del presidente Balaguer. Ya para 1976, mi padre había aglutinado un importante apoyo de reconocidos dirigentes del partido, y ya había quienes iban estructurando la idea de posible aspiraciones presidenciales.

Si algo he aprendido de mi padre es que cada cosa es a su debido tiempo. En esos años, la figura de mayor popularidad en el partido, a parte de Peña Gómez, lo era don Antonio Guzmán, quien le ganó a mi padre la candidatura presidencial en 1977. Mi padre aceptó los resultados, y apoyó decididamente a don Antonio Guzmán, quien fue electo presidente de la República en el 1978, produciendo la alternabilidad democrática en nuestro país. Nuevos aires de cambio entraron en la política dominicana.

Mi padre, como presidente del PRD y como Senador electo por el Distrito Nacional, le correspondió defender el triunfo de Guzmán en la Junta Central Electoral, en momentos en que fuerzas conservadoras y militares pretendieron desconocer esos resultados. Con tesón, y con la ayuda de otras destacadas figuras, los resultados fueron respetados.

En 1981, ya en la cúspide de su popularidad, mi padre ganó abrumadoramente la Candidatura Presidencial, siendo las primeras primarias con votación universal en la historia del partido. Mi casa era un hervidero de gente, todos los días. Incluso, recuerdo despertame en mi habitación, en medio de una reunión de mis padres con sus colaboradores. Como adolescente, yo no podía ayudar mucho. Contemplaba y veía jugando baloncesto en el patio de mi casa, a la historia.

Fui testigo de esa historia, de ese triunfo resonante del 16 de mayo de 1982, y de la proclamación de mi padre como presidente de la República para el período 1982-1986. Aquel movimiento que se había iniciado en los años setenta llegaba a su ciclo en 1982. Mis padres estaban felices, al igual que toda la familia. Se sentía el peso de la responsabilidad, pero poco se sabía de lo que vendría después. La política es como el beísbol, no se sabe cuál será su final sino hasta que no se cante el out 27.

Terminado todo este proceso, ya mi padre retirado en su casa, luego de sobrevivir una de las más feroces persecuciones políticas. Del sóleo presidencial a la cárcel. Luego condenado, y finalmente descargado por la propia justicia, luego de que se fueran las pasiones. Mi padre siguió siempre, ya en otro perfil, en la política. Cuando sintió que había que respaldar al presidente Hipólito Mejía en el 2004, lo hizo para preservar al partido. No le tembló el pulso. Cuando sintió que había que respaldar a Miguel Vargas en el 2008, lo hizo, siempre de manera elegante.

Una historia fascinante la de mi padre, el político. Como todo en la vida, con sus altas y sus bajas, pero con muchas lecciones. Pocas horas antes del 20 de noviembre, de caer en estado de coma profundo, hablamos sobre el agradecimiento y la lealtad, dos valores esenciales en la política. Esos consejos que me diste ese día, los tengo en mi corazón.

Nota sobre la foto: Mi padre siempre estuvo rodeados de libros, y nos inculcó el hábito de la lectura. En la foto, revisando su biblioteca en la oficina de abogados.

1972, Los totumeros

4 Dic


Ese era el nombre que mi padre le puso al equipo infantil de beísbol que teníamos en Santiago. Estaba integrado por mis primos y los vecinos de la Ave Estrella Sadhalá. Jugábamos en el patio de mi casa, que estaba muy por encima del nivel de la calle, y por esa razón, era una especie de totuma o «chichón». Tengo gratos recuerdos de muchas pelotas de beísbol que caían en la calle, y que a veces golpeaban a los vehículos que transitaban, y como niños, al fin, salíamos corriendo cuando el conductor de un vehículo iba a mi casa a reclamar. Era recibido por mi padre, quien nos daba nuestra respectiva reprimenda. Momentos inolvidables.

Todos los domingos nos levantábamos a las cinco de la madrugada, para llegar primero al Monumento, y «tomar» el play, que estaba donde está ahora construido el Gran Teatro Cibao. Quienes llegaban primero al play, eran los primeros en jugar. Ahí iban niños de La Joya, de Los Pepines y de Pueblo Nuevo, contra quienes jugábamos, sin mayores formalidades. Eran juegos de puro entretenimiento. Luego terminábamos en los famosos «paragüitas», tomando refrescos.

Mi padre le gusta el beísbol. Lo ha seguido siempre. Es fanático de Las Aguilas Cibaeñas. Recuerdo que a principios de la década de los setenta, yo iba al estadio uniformado con el No. 1 de Miguel Diloné. Muchos años después, le comenté esto a Diloné, a quien admiro y respeto.

Muy pocos saben que mi padre fue jardinero derecho del equipo de softball «Los Leguleyos», que era un equipo integrado por abogados de Santiago, y que se reunían semanalmente para entretenerse en medio de sus actividades profesionales. Don Cuqui Córdova, su amigo de siempre, ha escrito sobre esto.

El viernes 19 de noviembre de 2010, el día antes de ocurrir el accidente que lo mantiene luchando entre la vida y la muerte, hablamos sobre beísbol. Estaba entusiasmado. Quería ir el sábado para Santiago, lo cual se quedó solo en palabras. Hoy mi padre cumple quince días en estado de coma profundo. La pelota y también la política son parte de su historia.

Nota sobre la foto: Es una foto del 1985, muy característica. Mi padre siempre usaba las manos como recurso de oratoria. Esas manos que están hoy luchando por vivir, son las mismas que afortunadamente vencieron muchas adversidades. Son las mismas que diariamente tocamos en señal de respeto y de admiración.

1982, ella habla sobre él

3 Dic


«La carrera política de Salvador ha sido de gran significación e importancia para mí. Su vida como político me ha servido de gran ejemplo y el haberlo acompañado en todas sus actividades políticas me enseñó a conocer las realidad de nuestra sociedad. Conocer y caminar todos los pueblos y ciudades de nuestro país, me dio la oportunidad de vivir y palpar con nuestros propios ojos y nuestras propias manos la forma de vida en todos sus aspectos, sus necesidades y sus aspiraciones normales para lograr su progreso y mejoría. Tanto en las ciudades como en los campos notamos ese deseo de superación de todas, de acuerdo al ámbito donde se desarrolla cada individuo. Pero lo más importante fue, lo es y lo será siempre el haber conocido a tantos amigos y personas que nos ayudaron en nuestra labor política; nos ayudaron a obtener los máximos objetivos y esperamos que esa amistad no sea defraudada, sino que se mantenga y acreciente toda nuestra vida. Considero que la vida política de él ha sido maravillosa para mí, porque también me gusta y considero que ha sido exitosa. Realmente lo veo como un maestro.»

Mi madre sobre mi padre, Revista Vanidades, 28 de diciembre de 1982.

Nota sobre la foto: Mis padres en el despacho presidencial, en 1985. Como siempre, ella tomando notas, mi padre dictando. El cuadro de Juan Pablo Duarte, como testigo de la historia. Las banderas nacional y la del Partido Revolucionario Dominicano en los extremos. Y el busto de Gandhi, sobre su escritorio, que aún lo conserva en su oficina privada.

1984, la Casa Blanca

2 Dic


«… Presidente y Sra. de Jorge Blanco, es verdaderamente un honor para mí darle la bienvenida a Ud, el primer Presidente de su país en hacer una visita de Estado a los Estados Unidos…» Así inició el presidente Ronald Reagan su discurso de bienvenida a mi padre cuando fue objeto de una hermosa ceremonia militar en la explanada frontal de la Casa Blanca, el martes 10 de abril de 1984.

Ese día por primera vez ( y hasta hoy, la única vez), la bandera dominicana ondeó, junto con la americana, en cientos de astas en la Casa Blanca, sus jardines y sus verjas, así como en las principales oficinas públicas de Washington. Un amigo de la familia que estaba ahí me comentó la emoción que sintió mi padre por la significación de esa histórica visita.

Desde entonces, todos los presidentes dominicanos que sucedieron a mi padre, Joaquín Balaguer, Leonel Fernández e Hipólito Mejía han visitado la Casa Blanca, en lo que protocolarmente se llama «visitas oficiales», pero a mi padre le ha correspondido el honor de ser el único presidente dominicano que ha hecho una «visita de Estado», sobre la cual escribí este apunte hace varios años.

En el 1985, mi padre volvió a Estados Unidos y se encontró con el presidente Reagan en Carolina del Sur. Yo estuve en ese viaje, y conservo una foto de esa ocasión.

Por coincidencia, en el año 1988, mi madre y yo estábamos en Washington, y pasamos al frente de la Casa Blanca. Mikhail Gorbachov era recibido, en visita de Estado, a la Casa Blanca por el presidente Reagan. Ambos recordamos aquella visita de 1984. El tiempo es implacable.

1981, el encuentro con Juan Pablo II

1 Dic


En vísperas de la Semana Santa de 1981. Mi padre estaba llegando a la cúspide de su popularidad. Era ya Candidato Presidencial del Partido Revolucionario Dominicano. Recuerdo que mis padres emprendieron un viaje por Europa. Estuvieron en Portugal, España, Alemania e Italia. En éste último país, tenían concertada una cita en El Vaticano, en una de las audiencias públicas del Papa Juan Pablo II.

Para esa época, El Vaticano permitía que todos los miércoles, el Papa recibía en audiencias públicas. Mi padres fueron formalmente vestidos, como era propio para la ocasión. Mi madre siempre elegante. El encuentro con Juan Pablo II fue inolvidable para ambos. Ya el Papa había estado en República Dominicana en 1979, por lo que obviamente hablaron sobre nuestro país, sobre la familia y sobre la democracia. Y como cosa del destino, la segunda visita de Juan Pablo II a nuestro país fue en 1984, siendo recibido por mi padre como presidente de la República. Por lo que cuando mi padre le recibió al bajar las escalinatas del avión, Juan Pablo II le hizo referencia a ese encuentro de Roma en 1981.

En mi familia, tenemos muchos recuerdos de ambos encuentros de mis padres con Juan Pablo II. En 1984, el Papa le regaló a mis padres una bella representación de la «Sagrada Familia», la cual conservamos. Mi padre siempre guardó admiración por Juan Pablo II. Recuerdo su tristeza y pesar cuando se enteró de su fallecimiento, expresándolo públicamente.

Al ver la foto de mis padres con Juan Pablo II, recuerdo la expresión de Jesús, «la paz os dejo, la paz os doy». Mis padres vivieron en paz, a pesar de toda la turbulencia que sufrieron. Ahora que mi padre está en su undécimo día de coma profundo, luchando por vivir, sé que él está en paz.

1986, el poder es una sombra que pasa

30 Nov

Escribo este apunte en circunstancias muy difíciles. Mi padre se debate entre la vida y la muerte.

Un buen día, a penas a pocos meses de mi padre haber asumido la presidencia de la República Dominicana, el 16 de agosto de 1982, nos dió a Dilia y a mí, el mejor consejo de toda la vida: «No se acostumbren al poder… ustedes van a tener durante cuatro años muchas amistades nuevas, tendrán muchas invitaciones, pero, luego de cuatro años, volveremos a nuestra casa. El poder es como una sombra que pasa. Mantengan siempre su sencillez y la humildad que siempre le hemos inculcado en nuestro hogar».

El 16 de agosto de 1986, cuando llegamos a la casa, después de que mi padre hubiese entregado la banda presidencial, estábamos unos cuantos, sus amigos de siempre. Toda aquella parafernalia que envuelve las mieles del poder ya era cuestión del pasado. Se comenzaba a sentir el sabor amargo de la savila representada en la desgracia política. Ese día escuchamos los decretos presidenciales con las nuevas designaciones en la quietud de nuestro hogar. Se iniciaba una etapa en su vida, marcada por una feroz persecución. Nunca perdiste tu humildad, tu sensatez y tu entereza. Me siento orgulloso de ti.

Hoy, cuando te ví, te hablé. Sé que me escuchaste, y te lo dije: Gracias por tu legado. Definitivamente, el poder es como una sombra que pasa… como la vida misma.

Nota sobre la foto: Mi padre recién graduado de abogado en 1951, sentado en la oficina de la Calle 16 de agosto No.99, en Santiago. Estuve en esa oficina los primeros cinco meses de este año, y era inevitable el recuerdo de esos años.

1989, unión, fuerza y amor

29 Nov

He pasado muchas duras pruebas en mi vida, junto a mi familia. Pero pocas, como la de aquel verano de 1989. Mi padre estaba guardando prisión en la entonces «Cárcel Preventiva La Fe». Mi madre le visitaba todos los días, al igual que Dilia y yo, solo que mi madre permanecía desde las 8am hasta las 6pm, diariamente. Esto implicaba toda una logística en el sentido de que debíamos enviarle el desayuno, almuerzo y cena, cada día. En partidas dobles. A veces, Dilia llevaba el almuerzo, y yo, la cena, o viceversa.

Un sábado caluroso de ese verano, mi madre se despedía de mi padre. Iba cargada con una canasta que tenía los platos de su cena. La celda de mi padre estaba en un segundo piso, por lo tanto, ella debía bajar las escaleras, llegar al primer piso y salir hacia el parqueo. Ocurrió lo impensable:

Bajando las escaleras, mi madre se cayó, y sufrió una terrible fractura en el tobillo y en el pie izquierdo. No quiero recordarme mucho de ese día, pero ha sido la mayor sensación de impotencia que uno pueda sentir. Mi padre, desesperado en su celda, y mi madre, llevada de urgencia a una reconocida clínica privada, en condiciones de gravedad, por su conocida diabetes. Con toda responsabilidad hoy digo que los primeros auxilios que ella recibió no fueron a la altura de su gravedad. Le pudieron un yeso que le provocó quemaduras de tercer grado, y la situación se fue complicando, cada día que pasaba.

Vivíamos, durante esos días, entre la cárcel y la clínica, agustiados. En esas circunstancias, no hubo otra alternativa que viajar a Miami con ella. Debo ser justo, y reconocer que el presidente Joaquín Balaguer autorizó la salida de mi padre, y todos juntos, viajamos a Miami, con el Doctor Escipión Oliveira, un extraordinario profesional de la medicina y excelente ser humano.

Mi madre pasó cerca de un mes internada en el hospital. En su habitación, nos tomamos la foto que comparto con ustedes. Se observa la pierna izquierda de mi madre con unos clavos sobrepuestos antes del tobillo, y los dedos de los pies enyesados. Mi madre permaneció otros meses más en silla de ruedas. Luego tuvo que utilizar calzados especiales.

Mi padre sufrió esto como si hubiese sido él mismo, como yo sé que mi madre sufriría ver a mi padre batallando para salir del estado de coma. Pudimos salir de esta dura prueba, unidos. Mi padre nos enseñó a Dilia y a mi una frase inolvidable, que repetimos antes del almuerzo familiar: «Unión, fuerza y amor… venceremos».

Wikileaks y Santo Domingo

29 Nov

Es la noticia que ha puesto al desnudo a la diplomacia americana. Y, como era de esperarse, entre los más de 250,000 documentos, hay cables que corresponden a la Embajada de Estados Unidos en Santo Domingo. Revisando la cantidad de documentos por país, me llama la atención cómo ha cambiado la geopolítica en los últimos años. Aquí detallo los países latinoamericanos por cantidad de cables llegados a Wikileaks, con una breve explicación personal:

1.- Bogotá 2,416 (Es el principal aliado de Estados Unidos en América Latina).

2.- Caracas 2,340 (El presidente de Venezuela es Hugo Chávez).

3.- México 2,285 (Es el vecino distante de Estados Unidos).

4.- Buenos Aires 2,233 (Es miembro del G-20).

5.- Tegucigalpa 1,958 (No nos equivoquemos, el Golpe de Estado de Zelaya, redobló las actividades de la Embajada).

6.- Brasilia 1,947 (Es el contrapeso de Estados Unidos en América Latina, G-20).

7.- Santo Domingo 1,675 (Comparte isla con Haiti; es aliado en El Caribe).

8.- Santiago 1,464 (Chile fue el primer país latinoamericano que suscribió un TLC con Estados Unidos).

9.- Quito 1,450 (La reserva de petróleo de Ecuador es de seguridad nacional).

10.- Lima 1,388 (Ha luchado contra el terrorismo, es aliado en la Comunidad Andina).

11.- La Paz 1,299 (El presidente de Bolivia es Evo Morales).

La geopolítica ha cambiado, pero no la política exterior de Estados Unidos. Solo ha pasado de la diplomacia de los cócteles a la diplomacia de la información. En mi experiencia, cada vez que he participado en una reunión con un funcionario del gobierno de Estados Unidos de América, siempre hay un asistente tomando notas. Esas notas las despachan al Dominican Republic Desk en el Departamento de Estado. ¿Qué hacen con esas notas? Las archivan y en la medida en que los acontecimientos se van desarrollando, las mismas se van actualizando, y luego pasan a los archivos nacionales. Para leerlas, hay que esperar que las mismas sean hechas públicas por el gobierno americano. Por ejemplo, a Chile le tomó más de veinte años, obtener el permiso para leer las notas sobre el involucramiento del gobierno norteamericano en el derrocamiento de Allende.

Wikileaks ha roto ese esquema. Ya los historiadores y los protagonistas de la historia no tendrán que esperar que los documentos se hagan públicos, y a veces, hasta censurados. y Wikileaks lo ha hecho através del Internet. ¡Qué poderosa herramienta!

Una nota final sobre los 1,675 cables despachados desde Santo Domingo. Recomiendo leer el libro Balaguer y los Militares Dominicanos, escrito por Brian J. Bosch, quien fuera Agregado Militar de Estados Unidos en la Embajada dominicana en Santo Domingo, para que se tenga una idea de cómo recolectan información y cómo la despachan. Mi apunte sobre este libro, aquí. Esto era entre 1971 y 1974. Solo imaginarse ahora con los avances tecnológicos y el poder de la información.

Colofón: Sobre Wikileaks, he escrito uno y dos apuntes.

1957, la pareja

28 Nov


Desde que mis padres se conocieron, hubo el flechazo. Su noviazgo fue corto. Mi padre se empleó a fondo para conseguir que mi abuelo materno, Alfonso Mera, hombre de campo, dijera que sí al matrimonio entre Asela y Salvador. Se casaron el 21 de septiembre de 1957. Desde el primer momento, mi madre fue no solo su esposa, sino su amiga, su consejera, su apoyo, en cualquier circunstancia.

Ella sacrificó sus estudios por él, y se convirtió en su asistente. Todas las notas, instancias, documentos y ponencias que hacía mi padre eran dictadas por él a mi madre. Y ella, con su paciencia que siempre le caracterizaba, las transcribía con su hermosa e inconfundible caligrafía. Para esto no había hora, ni días de descanso. Mi padre es muy malo en la máquina de escribir, y es más no recuerdo haberlo visto nunca sentado ante un computador. Todo lo contrario de mi madre. Ella, a pesar de su edad, estaba muy al día en la tecnología. Entre las primeras computadoras Apple que llegaron al país en a principios de los ochenta, una de esas estaba en mi casa, gracias a la insistencia de mi madre. Hasta el día de su muerte, tuvo una Mac.

Solo durante la revolución de abril de 1965, hubo una separación física entre ambos. Por razones obvias. Mi padre estaba en Ciudad Nueva, y mi madre en Santiago. Sin embargo, cuando ocurrió la batalla del Hotel Matum, ambos estaban juntos. Ni siquiera la cárcel los separó más. Cuando mi padre estuvo preso injustamente, mi madre llegaba a la prisión a las ocho de la mañana, y se retiraba a las seis de la tarde. Todos los días. A pesar de lo amargo de esos días, fue una extraordinaria lección de amor.

Mi padre sufrió la diabetes de mi madre, quien la padecía desde los 15 años de edad. Nunca estudio medicina, pero se hizo experto en diabetes. Sabía incluso hasta por la forma de dormir, o hasta por cualquier gesto de mi madre, que ella necesitaba tomarse un jugo de naranja con azúcar. Pocas personas saben que por la diabetes, mi madre tuvo dos embarazos fallidos. Me cuentan que mi nacimiento fue toda una celebración en Santiago, al igual que el de Dilia. Claro, en la medida en que la edad de mi madre avanzaba, la diabetes iba empeorando. Mi padre lo sintió y lo sufrió hasta aquella madrugada del 14 de junio de 2007.

En todos los momentos de la vida pública de mi padre, mi madre siempre estuvo con él. Como abogado, político, Jefe de Estado, padre de familia, esposo, amigo. En los buenos y en los malos. En la luz y en la oscuridad. En las alegrías y en las penas. Hoy, aunque ella no está físicamente entre nosotros, ella está acompañando a mi padre en esta dura prueba de vida. Eso me da mucha tranquilidad. Ellos nacieron en hogares diferentes, pero eran uno para el otro. ¡Qué legado!