Los mejores discursos de JFK
23 Nov
Ayer, 22 de noviembre, se conmemoró el 51 aniversario del asesinato de John F. Kennedy. La mejor forma de recordarlo es leyendo sus mejores discursos: Palabras para el corazón y la razón.
23 Nov
Ayer, 22 de noviembre, se conmemoró el 51 aniversario del asesinato de John F. Kennedy. La mejor forma de recordarlo es leyendo sus mejores discursos: Palabras para el corazón y la razón.
16 Ene
Martin Luther King era un orador brillante. La experiencia del púlpito con la sagacidad del político lo convertían en una estrella con luz propia que la ultraderecha americana no estaba dispuesta a permitir que brillara. Su último discurso desnuda los sentimientos del Dr. King, y es como si sabía que sus días estaban contados:
Al otro día, el 4 de abril de 1968, Martin Luther King fue asesinado. Hoy, habría cumplido 83 años de vida. Sin dudas, su legado es permanente, pero si hubiera estado vivo hoy, el mundo sería diferente.
18 Ene
En este apunte, hice referencia al discurso del presidente Barack Obama en Tucson, Arizona. En esa ocasión, lo había leído, y lo califiqué como «una joya». Ahora, lo he visto en este video, y es, sin dudas, su mejor discurso. Es el Obama que vimos en su campaña antes de ganar la presidencia. Es el discurso que entra a la categoría del discurso Tengo un sueño de Martin Luther King. Son 34 minutos en el que Obama simboliza los sentimientos de toda una nación.
1 Ene
Nuestras estrellas primordiales son la lucha y la esperanza. Pero no hay lucha ni esperanzas solitarias. En todo hombre se juntan las épocas remotas, la inercia, los errores, las pasiones, las urgencias de nuestro tiempo, la velocidad de la historia. Pero, qué sería de mí si yo, por ejemplo, hubiera contribuido en cualquier forma al pasado feudal del gran continente americano? Cómo podría yo levantar la frente, iluminada por el honor que Suecia me ha otorgado, si no me sintiera orgulloso de haber tomado una mínima parte en la transformación actual de mi país? Hay que mirar al mapa de América, enfrentarse a la grandiosa diversidad, a la generosidad cósmica del espacio que nos rodea, para entender que muchos escritores se nieguen a compartir el pasado de oprobio y de saqueo que oscuros dioses destinaron a los pueblos americanos.
Yo escogí el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes que reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema, preferí entregar con humildad mi servicio a un considerable ejército que a trechos puede equivocarse, pero que camina sin descanso y avanza, cada día enfrentándose tanto a los anacrónicos recalcitrantes como a los infatuados impacientes. Porque creo que mis deberes de poeta no sólo me indicaban la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita, sino también con las ásperas tareas humanas que incorporé a mi poesía.
Hace hoy cien años exactos, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de los desesperados, escribió esta profecía: «A l’aurore, armes d’une ardente patience, nous entrerons aux splendides Villes». «Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos a las espléndidas ciudades».
Yo creo en esa profecía de Rimbaud, el Vidente. Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía. Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza. Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera.
Pablo Neruda, en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, en el año 1971.
16 Sep
«La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente.»
Simón Bolívar, en su discurso pronunciado en Angostura, 1819. Hace 191 años. Tiene más vigencia que nunca.
10 Sep
7 Jul

Ayer, por segunda vez en su Reinado, Isabel II se presentó ante la Asamblea General de Naciones Unidas. La primera vez fue en 1957. En aquella época, su discurso fue breve, e instó a Naciones Unidas, que había sido creada doce años antes, a que procurara la paz mundial. En ese momento, la Reina hablaba como Jefa de Estado de la Mancomunidad que, para ese entonces, solo agrupaba a diez naciones. El príncipe Felipe, su consorte, le acompañó para la ocasión.
En su discurso de ayer, que también fue breve, la Reina dedicó parte del mismo al rol de las Naciones Unidades, particularmente al cumplimiento de los objetivos del milenio, y a resaltar el crecimiento de la Mancomunidad que, ahora, tiene dieciseis naciones. A diferencia de 1957, el principe Felipe no le acompañó.
El glamour de la monarquía británica perfumó a Naciones Unidas, pero al igual que en 1957, su discurso hizo noticia más por quien lo leyó, que por su contenido.
15 Jun
«Meanwhile, you’re coming of age in a 24/7 media environment that bombards us with all kinds of content and exposes us to all kinds of arguments, some of which don’t rank all that high on the truth meter. With iPods and iPads; Xboxes and PlayStations; information becomes a distraction, a diversion, a form of entertainment, rather than a tool of empowerment. All of this is not only putting new pressures on you; it is putting new pressures on our country and on our democracy.»
Barack Obama, presidente de Estados Unidos de América, en su discurso a los graduandos de la Universidad de Hampton.
13 Abr
Siempre he disfrutado de las lecturas de los discursos del expresidente Oscar Arias de Costa Rica. Este fue su discurso de despedida en la Cumbre de Río, del cual comparto este párrafo:
No se debe confundir el origen democrático de un régimen con el funcionamiento democrático del Estado. Hay en nuestra región gobiernos que se valen de los resultados electorales para justificar su deseo de restringir libertades individuales y perseguir a sus adversarios. Se valen de un mecanismo democrático, para subvertir las bases de la democracia. Un verdadero demócrata, si no tiene oposición, debe crearla. Demuestra su éxito en los frutos de su trabajo, y no en el producto de sus represalias. Demuestra su poder abriendo hospitales, caminos y universidades, y no coartando la libertad de opinión y expresión. Un verdadero demócrata demuestra su energía combatiendo la pobreza, la ignorancia y la inseguridad ciudadana y no imperios extranjeros y conspiraciones imaginarias. Esta región, cansada de promesas huecas y palabras vacías, necesita una legión de estadistas cada vez más tolerantes, y no una legión de gobernantes cada vez más autoritarios. Es muy fácil defender los derechos de quienes piensan igual que nosotros. Defender los derechos de quienes piensan distinto, ése es el reto del verdadero demócrata. Ojalá nuestros pueblos tengan la sabiduría para elegir gobernantes a quienes no les quede grande la camisa democrática.
Sin desperdicios. Fue su discurso de despedida, pero fue y es su mejor discurso, por ahora.
26 Sep

Hay políticos que les gusta hablar durante sus discursos más del tiempo razonable, exhibiendo incluso dosis de histrionismo. Hay discursos memorables de Fidel Castro que duraban horas y horas, en momentos cruciales de la vida de Cuba. El presidente Hugo Chávez está también entre los oradores de alto rendimiento. Sin embargo, hoy día, los auditorios buscan más sustancia, menos retórica y mensajes más cortos. No hay que cansar el auditorio. Sara Palin vivió esta experiencia en Hong Kong recientemente, con un discurso que duró 90 minutos. Y por si acaso, si usted no tiene nada que decir, y mucho menos si está debutando ante un nuevo auditorio, no repita lo que hizo Muammar Gaddafi durante su discurso en las Naciones Unidas, que duró 90 minutos. Entrará en los clásicos de lo que nunca se debe hacer.
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